“Perdóname por no haberte tenido fe”: El relato de la esposa de un militar preso en Venezuela

“Perdóname por no haberte tenido fe”: El relato de la esposa de un militar preso en Venezuela

Juan Peraza / LaPatilla

 

“Perdóname por no haberte tenido fe”, son las palabras que Sandra Hernández le repite a su esposo, el sargento mayor de tercera, Luis Alexander Bandres Figueroa, recluido en la cárcel militar de Ramo Verde desde febrero del 2019 tras el alzamiento que protagonizó junto a un grupo de guardias nacionales en la Comandancia General de Cotiza.

Raylí Luján / LaPatilla

El descontento del sargento Bandres llegó a su punto máximo a finales de enero de 2019 y Sandra no podía creerlo. Meses atrás, él había hecho comentarios en contra del régimen de Nicolás Maduro. Su esposa nunca los consideró como una real amenaza. “De verdad no le creía que fuese a hacer algo. Más bien yo decía: ¿Cuándo será que los militares despierten?”.

Días antes del alzamiento en Cotiza, un familiar de Sandra había fallecido. Su esposo le insistió que asistiera al funeral en el interior del país, aún y cuando probablemente no llegaría a tiempo. Cuando Hernández iba en camino a Altagracia de Orituco con sus hijos, recibió un mensaje alarmante: “Al llegar, tienes que hablar con mamá y decirle que se tienen que ir todos de la casa”. La joven de 30 años de edad quedó congelada. El malestar de su esposo parecía tener ahora un objetivo: actuar.

“Tienes que esconderte, irte, no salgas hasta que diga que ya puedes regresar”, le explicó Bandres en una llamada telefónica. Sandra, quien ya se encontraba en Altagracia junto a sus dos hijos, de 12 y 8 años de edad sintió terror. 

Al despertar ese lunes 21 de enero, una nota de voz de su esposo vía Whatsapp le confirmaba a Sandra lo que había estado temiendo: “Mi vida, perdóname. Actuamos. Estamos en el comando de escuadrón montado de Cotiza. Nos tienen rodeados. Está el Ministerio Público, las Faes, el Dgcim”. Sandra le respondió pero no supo más de él hasta el 15 de febrero. Desconocía incluso si estaba vivo o muerto. Familiares de los otros GNB involucrados le decían que tenía que estar en Caracas para buscarlo, pero su suegra le recomendó esperar.

“Yo decidí que no iría a Caracas. Una noche en la casa, sonó el teléfono y mi suegro atendió pese a que le pedimos que no lo hiciera, porque estábamos aterrados. Al decir ‘hola, hijo’, nos volvió el alma al cuerpo”, cuenta. Era Bandres, desde la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim), donde permaneció por 15 días antes de ser trasladado a Ramo Verde junto a sus compañeros.

Juan Peraza / LaPatilla

 

Sin dormir y sin comer

Mientras Bandres estuvo en la sede del Dgcim, su esposa no dormía ni comía. “Cuando supimos de las torturas y se lo preguntamos, él solo dijo riéndose: ‘tranquila, yo aguanto’. Yo no paraba de temblar”, recuerda Sandra.

La licenciada en educación preescolar, ahora ama de casa, se dedica a cuidar de sus hijos y a mantenerse fuerte por ellos y sus suegros. Considera que sus hijos son muy inteligentes y entienden la situación, sin embargo hay momentos de desesperación que a ella misma le cuesta controlar.

“El niño mayor, que sufre de autismo, se despertaba los primeros días llorando y gritando. Decía que ya estaba cansado, que quería que terminara todo esto, y ¿cómo uno les explica si también tienes el alma destrozada? Cuando nos suspendieron la visita el viernes, que dijeron que no podíamos entrar, se pusieron como si les dijeron que su papá había muerto, gritaban, lloraban, el mismo subdirector los calmaba”, agrega Sandra, quien igual seguirá intentando visitarlo pese a que le dictaron estar en “El Tigrito” -celda de castigo en Ramo Verde- por 10 días luego de una requisa sorpresa.

Sandra se niega a sentir rencor u odio. Tampoco permitirá que sus hijos lo sientan. En una oportunidad, su hija menor se encontraba viendo una Cadena Nacional de Radio y Televisión donde aparecía Nicolás Maduro. La pequeña le deseó lo peor. Sandra le pidió no tener esos sentimientos. “Y la niña me dijo: ‘Es que ¿por qué le tiene que hacer daño a mi papá?’”. 

A la joven madre le toca lidiar con la parte emocional pero no es la única. Ha perdido peso, así como su esposo. Se lo deben a la primera vez que estuvo en “El Tigrito”, al ser acusado de estar financiado por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. Cuando suspenden las visitas, los dos sufren por igual, se desesperan al no saber el uno del otro.

El tema económico es otra batalla. Tuvieron que empezar de cero con el encarcelamiento de Bandres y actualmente cuentan con el apoyo de su cuñada en el exterior. Los carnet del seguro militar fueron bloqueados, al igual que el salario. En el allanamiento perpetrado por la Dgcim en su hogar en un sector de Las Adjuntas, los funcionarios se llevaron todas sus pertenencias.

“Yo volví a esa casa a ver que se habían llevado y se llevaron todo. Tuvimos que empezar de cero. Los niños estuvieron 3 meses sin ir a clases, les llevaron los zapatos, los bolsos, los cuadernos, todo”, manifiesta la esposa del Sargento, actualmente asesorada por abogados del Foro Penal Venezolano.

Regresar a casa destrozada

La vida de la docente cambió de golpe. La de sus hijos también. Dice que su infancia ya está marcada. “Me siento más fuerte aunque agotada siempre, hay momentos en los que no me quiero levantar de la cama. Los lunes para mi son horribles. Primero porque pasas tres días consecutivos en Ramo Verde, hay que regresar a casa con tus hijos destrozados porque no quieren dejar a su papá, es como que si dejaras una parte de ti allí, de tu familia, de todo lo que te ha costado construir”, dice Sandra con lágrimas que son inevitables al recordar sus visitas en el centro de reclusión militar. 

Juan Peraza / LaPatilla

 

Cuenta que actualmente, los funcionarios del Ejército que custodian Ramo Verde se han tornado más respetuosos. Asegura que con la directiva si tuvo varios enfrentamientos. “Con Atilio Peña y el comandante Giusti, al igual que el mayor Perozo si era difícil. Eran falta de respeto, te provocaban como para que uno reaccionara. El mayor Perozo me amenazó con tomar acciones en contra de los privados si yo no me retiraba, porque habían suspendido la visita y nosotros pedíamos respuestas. Al día siguiente, me habían sacado del sistema por reclamar y me presentaron una orden de caución, decía que yo le había faltado el respeto a Perozo y yo desesperada terminé firmando para que me dejaran ingresar”.

Encuentro con Bachelet

Hernández fue parte de una lista de familiares de presos políticos que pudo sostener un breve encuentro con la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michele Bachelet, en una visita que realizó a Venezuela en junio. 

Su caso fue escuchado por la expresidenta chilena y desde entonces se siente más segura. “Es una persona con peso que me vio y sabe quién soy yo y quién es Bandres. Antes no me sentía segura, antes me sentía con miedo, yo sentía que me seguían. Ella escuchó, aunque poco me vio. Yo me llevé una carpeta con el caso de mi esposo, ella lo recibió y al levantar la cara pude ver que estaba llena de lágrimas. Se había reunido antes con los familiares de los fallecidos”, sostiene.

Tanto la visita como el informe publicado por Bachelet superaron las expectativas de Sandra. “Aunque se dicen muchas cosas de ella, el objetivo era que hiciera un informe y ella lo hizo y muy contundente y mis expectativas las superó. Eso me mantiene con esperanza. Tengo mi esperanza puesta en los que están en el extranjero, la FANB no va a hacer nada, ya lo hubiesen hecho”, explica. 

Las muestras de apoyo y el temor

En medio de unos cuantos ataques de conocidos que acusan a Bandres de corrupto, también destaca la solidaridad y el apoyo que recibe Sandra. “En Altagracia, de donde somos, hicieron una marcha con banderas en apoyo a Bandres, la calle estuvo desbordada y siempre que pueden nos manifiestan el orgullo que sienten. Hoy se cumplen 7 meses y decimos que el es nuestro héroe”, señala. 

Juan Peraza / LaPatilla

 

Sandra sigue creyendo que su esposo hizo lo correcto y lamenta no haberle apoyado más. Mantiene viva la esperanza de que pronto se haga justicia, aunque a su vez su mayor temor es el paso del tiempo sin esa posibilidad.

“Mi terror es que llegue diciembre y ellos estén ahí. Cuando veo en las redes sociales que hablan del 2020, me desespero. Aunque entiendo que ahorita está todo dado, ahorita hay mucha más posibilidad. Yo me visualizo saliendo el 31 de diciembre de Ramo Verde y lloro”.

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