Una cabeza y dos manos en el placard: el horroroso caso del adolescente que quería ser “un asesino serial famoso”

Brian Cohee Jr. fue consultado por la policía local en la puerta de su casa. “¿Hay alguna cosa en tu dormitorio que pueda preocupar a tus padres?”, le preguntaron. Dijo que sí

 

El tono de las voces de la grabación de la línea de emergencias de la policía de la ciudad de Grand Junction, Colorado, refleja mucho más que las palabras, muestra el horror de la mujer que hace la llamada y la incredulidad del operador.

Por infobae.com





-911, habla John. ¿Cuál es su emergencia? – pregunta el policía de turno con la fórmula habitual.

-Hola, esta es una emergencia. Encontré algo en el placard de mi hijo, envuelto en una bolsa de plástico – dice la mujer, con voz chillona y casi llorosa.

-¿Qué es? – pregunta, todavía en tono profesional, el agente.

-Creo que es una cabeza humana… – dice la mujer.

-¿Qué es qué? – la voz del policía se vuelve mucho más aguda, sin que quede en ella ni un rastro de profesionalismo.

-Una cabeza, creo que es una cabeza humana – insiste la mujer.

El almanaque está clavado en el lunes 1° de marzo de 2021 y, minutos antes de hacer la llamada, Terri Cohee aprovechaba que su hijo Brian, un adolescente tardío de 19 años, no estaba en la casa para poner un poco de orden en su dormitorio. Al revisar el placard, la mujer vio un contenedor de plástico con dos bolsas de residuos, de una de las cuales parecían salir una o dos larvas. Venciendo el asco, la levantó y la llevó hasta la cocina para abrirla dentro de la pileta. Allí la abrió y el asco se convirtió en horror: adentro había más larvas y… la cabeza de un hombre.

Terri hizo dos llamadas antes de marcar el 911. Primero llamó a su marido, que había ido a buscar a la escuela al hijo menor del matrimonio y le pidió que volviera pronto; después, recomponiéndose, a Brian y le dijo que lo necesitaban en la casa. El autocontrol le alcanzó hasta ahí: cuando se comunicó con la policía estaba al borde del colapso.

Hay otra grabación, esta vez con las cámaras policiales, del momento de la detención de Brian en la puerta de su casa, una hora más tarde. Se ve a un muchacho algo desgarbado, con gruesos anteojos, que se acerca a la videocámara digital que el policía lleva adosada al cuerpo.

-¿Hay alguna cosa en tu dormitorio que pueda preocupar a tus padres? – pregunta el agente.

-Sí, creo que sí – dice Brian con naturalidad.

-¿Qué podría ser? – insiste el policía.

El muchacho no se inmuta al contestar:

Una cabeza humana y dos manos – dice.

Para entonces, los padres de Brian y los policías habían abierto una segunda bolsa donde, precisamente, encontraron dos manos seccionadas.

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