El enigma de Melania con su marido Donald Trump

Melania Trump Alex Brandon Agencia AP

 

El mundo la conoció hace ocho años cuando su marido ganó las elecciones presidenciales de EE UU, y desde entonces Melania Trump siempre ha sido cara de ver. No se asomó por ninguno de los Estados más importantes en el decisivo «Supermartes» del 5 de marzo. Tampoco hemos podido verla junto al exmandatario en ninguna de las múltiples citas legales que ha tenido en los últimos meses, y eso que una de ellas es por pagar a una actriz porno dinero de la campaña a cambio de su silencio sobre una supuesta aventura sexual con Trump. Melania siempre se ha mostrado imperturbable y si ha podido evitar dejarse verse en público, aun mejor.

Por larazon.es





Según un libro de Katie Rogers sobre las consortes de los presidentes estadounidenses, Melania «evitó que le programaran muchas cosas en la agenda» durante su tiempo en Washington. No le gusta, «simplemente es diferente», llegó a decir su marido para justificar su poca presencia pública.

La ex primera dama apareció el pasado fin de semana de nuevo ante las cámaras en Florida y por fin interactuó con ellas. Fiel a su estilo, Melania se mostró bastante ambigua cuando los medios le preguntaron acerca de si su presencia a partir de ahora sería más frecuente. «Estén atentos», contestó con una sonrisa. Stephanie Grisham, la que fue su exdirectora de comunicación, aseguraba en una entrevista con «The New York Times» que «esa es la respuesta que da cuando no quiere comprometerse con nada».

Muy atentos estamos, porque la señora Trump (53 años) nunca ha escondido su desinterés por hacer campaña para que su marido sea presidente de Estados Unidos de nuevo. Hay gente de su entorno que asegura que lloró cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en el 2016.

Aunque es cierto que últimamente ha participado en algún mitin de su marido para ganar votantes, siempre se mantiene en la retaguardia, escondida y alejada de los focos que tanto persigue el expresidente.

A nadie se le escapa que no le hizo ninguna gracia tener que vivir cuatro años en la Casa Blanca, y ahora no parece ser distinto. Pero el público la quiere (algunos expertos apuntan a que más bien se compadecen de lo que ha tenido que aguantar debido a los escándalos del expresidente republicano) y en los actos públicos suma más que resta.

Hay quien apunta a que Melania «no tiene ninguna intención» de participar en la tercera campaña de su marido, porque «no se siente cómoda», dijeron fuentes de su entorno a la revista «People». Fiel al estilo de los Trump, ella misma aseguró lo contrario en mayo en una entrevista con la cadena Fox News, cuando dijo que Donald tiene su «apoyo y esperemos restaurar la esperanza para el futuro y liderar a EE UU con amor y fuerza».

Ahora bien, una cosa son los mítines de campaña en pueblos recónditos y otra cosa muy distinta es una recepción con un mandatario extranjero. Melania no dudó en acompañar a su marido en su encuentro en Florida con el autocrático primer ministro húngaro, Viktor Orban. Una salida de su escondite que se producía justo después de una protesta de los partidarios de MAGA por la ausencia de la señora en los encuentros de campaña de su marido.

Donald Trump es plenamente consciente de lo que mucho que le cuesta a su esposa enfrentarse al público y ser el objetivo de las cámaras. «Muchas primeras damas quieren salir, quieren estar en todas partes», dijo en una entrevista hace 4 años, «si yo no la presento, ella estaría feliz». El líder republicano asegura que gran parte de la atención de su consorte está dedicada a Barron Trump, el hijo de 17 años que ambos tienen en común. «Su vida gira en torno a ese chico. Al mismo tiempo, también gira en torno a nuestro país. Ha recaudado mucho dinero para obras de caridad. Es una persona privada», dijo en febrero en un evento en Carolina del Sur.

Durante la Convención Republicana de hace ocho años, la ex primera dama no tuvo un gran arranque. Melania leyó un discurso que a muchos oyentes ya les sonaba. Lo habían escuchado antes. Y es que algunas frases eran una copia del texto que leyó Michael Obama en la Convención Demócrata del 2008. Ahí fue cuando Melania se dio cuenta de que cualquier movimiento, reacción o respuesta iba a ser analizada por mil lupas.

Si en la campaña electoral de 2016 casi no se la vio en actos públicos del magnate, esta vez su presencia está siendo aún más reducida y los expertos se preguntan qué papel jugará de aquí a noviembre y cuál va a ser su posición si su marido gana de nuevo las elecciones presidenciales. Ahora ya tiene experiencia y conoce las reglas del juego electoral, la pregunta es si está dispuesta a participar en él.