José Ignacio Hernández: La ley contra el fascismo, otro avance en el apartheid político

La ley fue aprobada el martes en primera discusión Foto La Gran Aldea

La Asamblea Nacional de 2020 ha comenzado a “debatir” la llamada “Ley contra el fascismo, neofascismo y expresiones similares”. El texto, en realidad, no es más que una repetición de otras legislaciones autocráticas dictadas para violar derechos humanos por razones políticas, como por ejemplo, es el caso de la llamada Ley contra el Odio, a las cuales se ha referido Milagros Socorro en La Gran Aldea.

Por: La Gran Aldea

El modelo es ya conocido. Así, por medio de un texto que tiene apariencia de ley, se incluyen prohibiciones genéricas, amparadas en conceptos subjetivos, con la finalidad de justificar medidas punitivas, incluso, de tipo penal. Estas prohibiciones especialmente atacan el pluralismo político y la libertad de expresión, dos de los pilares básicos de la democracia constitucional, como dispone la Carta Democrática Interamericana.





El fascismo en contra del “fascismo”

Paradójicamente, esta “Ley contra el fascismo” es un ejemplo claro de políticas fascistas, que como recuerda el profesor Allan Brewer-Carías, citando a Calamandrei, se basan en la indisciplina autoritaria, la legalidad adulterada, la ilegalidad legalizada y el fraude constitucional.

No interesa -ni es técnicamente posible- adentrarse a descifrar los conceptos de fascismo, neofascismo y otras expresiones similares (artículo 4). Se trata de conceptos plastilina, o sea, expresiones maleables y manipulables por el sistema de justicia. Basta con señalar, como ejemplo, que “denigrar a la democracia” o el neoliberalismo, son consideradas como expresiones fascistas. Para evitar cualquier vacío, se prohíbe hasta cualquier otra expresión similar. Es decir, que lo que no está prohibido, residualmente, se prohíbe.

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