Guido Sosola: El maratón de la CAF, hoy

Guido Sosola @SosolaGuido

Los caraqueños agradecemos inmensamente el ya tradicional maratón afianzado por la CAF, aunque postergamos en demasía nuestra participación en tan exigente y masiva actividad. Representa una magnífica experiencia del civismo tan negado por el régimen a los venezolanos, colmando las calles de los muy ordenados maratonistas y también ciclistas: una suerte de burbuja existencial momentánea, pero gratificante.

A tempranísimas horas de la mañana, transitamos el camino para la acostumbrada misa dominical y, apenas, se oían los pasos en la avenida de los insignes atletas de oficio de ocasión. En sana paz, siendo alegremente más bulliciosas las guacamayas. No obstante, el escándalo y el ruído de gente extraña a la organización en claro abuso de oportunidades.

En efecto, un supermercado de reconocida e importada marca, atravesó una suerte de arco promocional y, por supuestísimo, un tronco de equipo de sonido que ha riguetoneado a toda la comunidad. Estridentemente, como si las personas no tuviesen derecho a dormir hasta tarde después de una semana de trabajo, o de búsqueda desesperada de un empleo, escandalizaron por largo rato la jornada para publicitar el apoyo o supuesto apoyo que brindan al maratón.





Desde la seis de la mañana vibró la solitaria fiesta de un disc-jockey de calle para manchar una tranquila actividad cívica, y, al regresar de la Iglesia, tomar un café de panadería, todavía la música, o lo que se dice tal, reinaba a las nueve por estos predios de Dios. Preguntamos a las autoridades policiales y, claro está, sus instrucciones son las de velar porque no entorpezcan los automóviles a los trotadores, caminadores y bicicletadores, porque – es nuestra la presunción – decir algo al pincha-disco (o portuario del USB) puede significar que llegue la queja a algún gerente y éste haga tronar su malestar por la conducta “anómica” del agente policial.

Entonces, la estridencia demencial, está autorizada en la calle o en el vecindario de una casa o apartamento donde nadie tiene derecho a dormir por el fiestonón de algún enchufado. Increíble que empañen un meritorísimo maratón, porque el ruido es parte del socialismo del iglo XXI.