Con el terror a flor de piel, sobrevivientes de explosión de gas en Monagas piden ayuda a dos años de la tragedia

Con el terror a flor de piel, sobrevivientes de explosión de gas en Monagas piden ayuda a dos años de la tragedia

Para muchos sobrevivientes, lo que han vivido desde que ocurrió la explosión se asemeja a una película de terror

 

 

 





Han transcurrido dos años de aquel fatídico 28 de diciembre de 2020 cuando una explosión en cadena de más de 160 bombonas de gas, cambió para siempre la vida de los habitantes de la comunidad Caño Los Becerros, un caserío ubicado en el municipio Piar, a una hora y cuarenta minutos de Maturín, capital del estado Monagas.

Jefferson Civira // Corresponsalía lapatilla.com

La tragedia cobró la vida de nueve personas y dejó 28 sobrevivientes, quienes relatan la pesadilla que vivieron, y que hoy siguen padeciendo tras las secuelas físicas y psicológicas que los marcaron de por vida.

Este desafortunado suceso ocurrió luego de que los habitantes de la localidad protestaran cerrando la vía principal para exigir la distribución del gas doméstico que desde hacía 10 meses no recibían. Paradójicamente, ese 28 de diciembre Día de los Santos Inocentes, la empresa Gases Maturín C.A. (Gasmaca) adscrita a la gobernación de Monagas, llevó un camión con los cilindros para ser distribuidos en la comunidad, pero incumpliendo varias medidas de seguridad. Así fueron despachadas las bombonas en la casa de una de las responsables del Clap.

Varios de los vecinos percibieron un fuerte olor a gas que, de acuerdo a los propios testimonios, se debía a que las bombonas estaban muy llenas. A los 15 minutos de haberse despachado todos los cilindros y después que el camión de Gasmaca se retiró del lugar, ocurrió lo que nadie pudo prever: una fuerte explosión ocasionó un estallido en cadena, tal como si se tratara de una bomba atómica. Varios niños y adultos sufrieron quemaduras de hasta tercer grado.

Algunos de los sobrevivientes hoy cuentan para Lapatilla.com una desgarradora realidad: han sido olvidados y defraudados por funcionarios del régimen de Nicolás Maduro, que prometieron construir, al menos, 28 casas para igual número de sobrevivientes. También dieron su palabra para financiar los costosos tratamientos que requieren por las graves lesiones que sufrieron estas personas en el siniestro. Nada de la supuesta ayuda se ha materializado.

Maryuri Ramos, hija de una de las fallecidas en la explosión, con la voz entrecortada y lágrimas recorriendo su rostro, narró que a dos años de lo ocurrido, es muy difícil superar este terrible suceso. Afirma que, desde entonces, han acudido personeros del chavismo a ofrecer ayudas y apoyar a familiares de fallecidos y a sobrevivientes.

“La exgobernadora Yelitze Santaella prometió construir 28 viviendas a los afectados, cosa que nunca ocurrió. La única casa que construyeron fue la resultó afectada por la explosión. Aquí se necesita mucha ayuda médica, ya que prometieron hacer un ambulatorio, pero ahí no hay nada. Dijeron que enviarían médicos especialistas como dermatólogos, traumatólogos, cirujanos y oftalmólogos, pero solo hay un médico general que viene dos veces por semana. La empresa Gasmaca, que debió hacerse responsable de lo ocurrido, no ha dado la cara”, contó Ramos.

Tras agonizar por poco más de 15 días, su mamá falleció en un hospital de Ciudad Bolívar el 15 de enero de 2021. La gravedad de las quemaduras no permitió que pudiera sobrevivir. “Lo que prometieron, nunca lo cumplieron. Prácticamente se han olvidado de nosotros”, exclamó.

Más nunca vería una Navidad

En varias zonas del sector se puede apreciar este tipo de viviendas. Las que prometió el chavismo nunca se construyeron

 

 

 

 

 

Para Yamileth Romero es quizá más doloroso recordar aquel horrible suceso, pues perdió a dos de sus hijos: uno tenía 9 años, y la hembra, 12 años de edad. Ambos resultaron con quemaduras de tercer grado en gran parte de sus cuerpecitos. Aunque fueron llevados al hospital de Ciudad Bolívar, cuestiona que el traslado haya sido vía terrestre cuando ameritaban ser llevados vía aérea, ya que debido a la delicada condición de salud de ambos y el mal estado de las carreteras, se complicó el traslado.

Evocó aquellos momentos cuando su hijo estaba en el hospital y le suplicó que no quería morirse. Tal vez consciente de lo que estaba ocurriendo, le expresó que más nunca vería una Navidad y un 31 de diciembre. Su hija, mientras estaba convaleciente, le manifestó que quería ser doctora, incluso, a los médicos que la atendieron le expresó su deseo de que quería ser como ellos.

Franklin Gil, otro sobreviviente de la tragedia, aseguró que la tristeza es lo que se ha vivido en Caño Los Becerros durante los últimos dos años. En su caso, ha sufrido un profundo duelo por la muerte de cinco primos.

A Franklin, las cicatrices dejadas en su piel por las quemaduras, le recuerdan no solo el fatídico momento de la explosión de las bombonas de gas, sino también el abandono que han padecido por parte del chavismo.

Los mismos sobrevivientes han costeado sus tratamientos, pues ni la gobernación de Monagas ni la empresa responsable han cumplido con la ayuda prometida. Franklin criticó que el gobernador chavista Ernesto Luna ni siquiera ha visitado al caserío “al menos, para saber cómo estamos las personas que sobrevivimos”.

Promesas incumplidas

Debido a las cicatrices de las quemaduras, varios de los sobrevivientes han quedado imposibilitados de poder trabajar ya que no pueden exponerse al sol.

 

 

 

 

Se pudo conocer que 25 de los sobrevivientes a la tragedia ameritan prendas de presión, que son parte del tratamiento para su rehabilitación. Sin embargo, debido a los altos costos de este insumo médico, ninguno de los afectados ha podido comprarlas. Así lo manifestó Yaney Gil, madre de un joven sobreviviente, quien está presentando queloides (cicatriz engrosada y elevada en la piel).

El muchacho debe usar, de por vida, unas costosas cremas y protector solar. Este último, por ser especial para pacientes con quemaduras, puede costar 50 dólares, a lo que hay que sumarle medicamentos para evitar infecciones.

“Nos sentimos burlados, porque las autoridades solo vienen a prometer y ofrecer cosas, pero no cumplen. Aquí la petición principal de los familiares de sobrevivientes, es que manden médicos especialistas que puedan atender a las personas afectadas. Esta es una población que vive de la agricultura, gente humilde. Ya hay algunos que están presentando problemas con la visión. ¿De dónde vamos a sacar para pagar un dermatólogo o un oftalmólogo?”, denunció Gil.

Con marcadas cicatrices en su cuerpo, Crismar Zapata, no puede exponerse al sol, pero es inevitable no hacerlo: debe sustentar a sus hijos. Trabaja en una de las cuadrillas de limpieza de la alcaldía. Asegura que al gobernador chavista ni siquiera lo conocen.

“La organización Cáritas de Venezuela en Monagas es la única que nos ha brindado apoyo con jornadas médicas y un psicólogo para ayudar a los afectados. Gasmaca nunca se responsabilizó, solo la alcaldía comenzó entregando ayudas a los sobrevivientes por 200 bolívares, que poco a poco lo fueron reduciendo hasta llegar a 50 bolívares al mes. Lo que han hecho es politizar toda esta tragedia”, criticó Zapata.

Graciela Gil, una mujer de la tercera edad, quedó con marcas en sus piernas y dolencias en la espalda, mientras que su esposo debe usar muletas luego de la tragedia. Fue una de las pocas a quien el
régimen le entregó un aire acondicionado y los ayudaron con unos colchones, que tienen más resortes que goma espuma.

“Jamás se me va a olvidar lo que ocurrió ese día cuando llegó el camión y bajaron las bombonas que estaban recargadas. Había un olor fuerte a gas, y se lo comenté a uno de los trabajadores de Gasmaca, quien me dijo que eso era normal. Después que se fue el camión, comenzó la primera explosión en secuencia. De broma lo estoy contando, porque a mí se me quemó la espalda, el cabello, las piernas. Ahora sufro de dolores de espalda y la picazón a veces es horrible. Una crema puede costar mínimo 5 dólares, y aquí los que vivimos somos personas de bajos recursos, por lo que el tratamiento dermatológico no lo recibimos”, apuntó Graciela.

“Es muy triste no poder abrazar a mis nietos”

En estas condiciones viven varias familias que resultaron afectadas de la tragedia

 

 

 

 

 

Para algunos de los sobrevivientes, cuesta mucho recordar lo sucedido en 2020. Incluso, por las heridas sufridas en sus cuerpos, lamentan mucho no poder abrazar a sus hijos y nietos. Varios han quedado imposibilitados para trabajar, porque no pueden exponerse al sol. Ir a una playa o a un río, son actividades recreativas que han quedado en el pasado. En ciertos casos, han pasado de ser personas independientes a tener que vivir a cuenta de sus familiares.

“Desde ese momento, a nosotros nos cambió la vida por completo. Prácticamente no podemos hacer nada, y lo que nos queda es seguir luchando. Yo antes no dependía de nadie; ahora tengo que depender de mis hijos. No puedo dormir tranquila como antes, a cada momento hay que pararse a echarse cremas, porque la picazón es horrible. A dos años de la tragedia, para mí es muy triste no poder abrazar a mis hijos y nietos, porque me duele, debo tener cuidado para que no me lastimen y vivimos con traumas: cualquier grito o algo, uno se asusta. Esto para mí ha sido una película de terror”, describió con evidente dolor, Yaneth Marcano, otra de las sobrevivientes.

En vista de los elevados precios de los tratamientos, los afectados han optado por aplicarse medicina natural para tratar de aliviar un poco los intensos dolores que, en ocasiones, presentan debido a los queloides. Algunos han usado “agua de jobo”, sebo de chivo, agua de sal en granos y sábila por las noches.

Aunque sus esperanzas se han ido desvaneciendo con el pasar de los meses, los sobrevivientes lanzan un último grito de ayuda al gobernador de Monagas, Ernesto Luna, así como al presidente de la empresa Gasmaca, Marcel Salazar, para que los auxilien y cumplan con sus promesas.

En Caño Los Becerros son muchas las casas construidas con bahareque. Por la condición de salud de quienes, por la mano de Dios, pudieron salvarse de la explosión, se requieren viviendas con áreas climatizadas, que permita sobrellevar con menos dolor las secuelas de las quemaduras en sus cuerpos… quemaduras que también les carcome el alma, porque luego de dos años de la tragedia, los sobrevivientes siguen olvidados y abandonados.