Desempleo en Maturín obliga a niños y adolescentes a “rebuscarse” en los autobuses

 

 

 

 

Desde antes de la pandemia por el coronavirus, los vendedores ambulantes, también conocidos como “charleros”, han proliferado en el centro de Maturín y a diario se observan abordando las unidades de transporte público. Ya sea caramelos masticables, chicles o galletas de chocolate de origen brasilero, estas personas buscan el sustento para sus hogares.

Por: Corresponsalía lapatilla.com

La falta de empleo en la capital monaguense, aunado a la crisis originada por las malas políticas económicas del chavismo, han hecho que grandes y chicos ofrezcan sus chucherías a precios económicos. Muchos de estos vendedores son niños y adolescentes que en algunos casos no estudian para trabajar y ayudar a sus familias.

Freddy Alcántara es uno de los tantos que, desde hace un mes sale, temprano a vender caramelos luego de quedar desempleado. Con las ganancias obtenidas, puede comprar la comida que le alcanza para un día, pues debe mantener a su esposa y tres hijos. A la semana puede hacer hasta 30 dólares.

“Este es un trabajo fuerte, porque desde las seis de la mañana uno comienza hasta las tres de la tarde, y lo que gano en un día compro un kilo de arroz, una harina y la vianda que puede ser una mortadela, un poquito de carne o un pedacito de queso”, contó Alcántara.

 

 

Eliécer Pérez (nombre cambiado por seguridad) tiene 15 años y desde hace más de un año se dedica a vender chocolates y galletas en los autobuses. Narró que no estudia, porque su mamá lo sacó del liceo para que trabajara, pues estaba enferma. Sus otros tres hermanos tampoco estudian. Uno de ellos canta en las unidades de transporte y los otros dos también venden chucherías.

Al día puede vender hasta cinco cajas de chocolate de 20 unidades cada uno, lo que le deja una ganancia de 5 bolívares por caja. Con el ingreso obtenido ayuda a comprar comida y lo que se necesite en casa.

“Me gustaría volver al liceo y terminar mis estudios y así ir luego a la universidad. Mi área de trabajo es entre la Plaza 7 y la plaza Rómulo Gallegos. Distancias más largas no hago, porque mis padres me dicen que tenga cuidado. Lo más tarde que trabajo es hasta las 3:00 de la tarde, pero ya a las 6:00 de la mañana comienzo la jornada”, relató el adolescente de 15 años.