Infancia vulnerada, cadáveres y muchos dólares: el negocio tras los vertederos en Lara (IMÁGENES)

 

 

 

 

Entre putrefactos olores, basura, zamuros, cerdos y otros animales, en Lara conviven los “gancheros”, personas que se dedican a hurgar entre la basura para recolectar objetos que luego son vendidos y de esa manera obtienen dinero para hacerle frente a la crisis económica que atraviesa Venezuela.

Por Yanitza Martínez / Corresponsalía lapatilla.com

La decisión de vivir de la basura parece ser la mejor opción para esta comunidad de personas, quienes desde tempranas horas de la mañana llegan a los diferentes vertederos de la región para recoger plástico, cobre, aluminio, chatarra o cualquier objeto que puedan comercializar.

 

 

En medio de una ruma de desechos, Pedro Miguel Álvarez, narró cómo desde hace 10 años está trabajando con basura, asegurando que le va bien y con lo que obtiene puede mantener a su familia y “comprarse sus cositas”. Relató que cuando “la suerte lo acompaña”, encuentra prendas de oro, y si eso sucede, obviamente obtiene más ganancias.

“Aquí nadie tiene jefe, cada quien trabaja a su manera”, aseguró a la vez que resaltó que ya ha experimentado trabajar sujeto a un horario y a una empresa, pero los ingresos no se comparan a lo que puede obtener hurgando en la basura. La semana más “floja” logra ganar hasta 80 dólares.

Mucho se habla de las mafias dentro de los vertederos de basura en Lara, siendo Pavia el que concentra a la mayor cantidad de “gancheros”, donde ha habido rencillas por obtener los objetos más atractivos y los más comercializables.

 

 

Sobre Pavia se conoce que existe un jefe, quien es el que lleva el control de todo el personal y autoriza quién entra y quién no puede acceder al lugar. Pedro Miguel, “ganchero” del vertedero de Carora, el segundo más grande de la entidad, aseguró que en este lugar trabajan en armonía y a su ritmo. “Aquí nadie se mete con nadie, nos respetamos y cada quien saca lo suyo”, resaltó.

¿Quién compra estos desechos?

Pedro Miguel Álvarez mencionó que, trabajando de sol a sol, logran extraer hasta 2.000 kilos de desechos a la semana, entre los que predomina el plástico. Aseguró que por cada 100 kilogramos de bolsa les pagan hasta 50 dólares.

 

 

Los días miércoles llega un camión a este vertedero a comprar el plástico y todo lo que logren extraer. En el lugar existe una persona encargada del pesaje de los desechos, que posteriormente se encarga de coordinar los pagos con el chofer del camión.

Al parecer, estos desechos son utilizados para la fabricación de otro tipo de objetos plásticos en empresas de la capital larense.

 

 

De generación en generación

Cerca de 50 “gancheros” fijos acuden todos los días desde la 5:00 de la mañana al vertedero de Carora. Muchos de ellos forman parte de núcleos familiares completos que por años se han dedicado a este oficio, que quizás para muchos resulte desagradable, pero que para otros es más que una tabla de salvación.

Rodeado de moscas y tapándose la cara con una gorra, Yunaiker, adolescente de 15 años, narró para La Patilla cómo ha sido su niñez entre la basura del vertedero, donde le ha tocado trabajar desde que tenía apenas 5 años de edad.

Mencionó que toda su familia se dedica a este oficio, por lo que prefiere trabajar que estudiar, ya que puede obtener hasta 30 dólares en una semana.

 

 

Para Gabriel, jovencito de 17 años, resulta más atractivo recoger desechos que estudiar. Asegura que no descarta la posibilidad de realizar otro trabajo, siempre y cuando pueda ganar dinero suficiente. “Si hay plata, allí voy a estar. Prefiero eso a estudiar”, dijo.

 

 

La necesidad imperante y multiplicada en los últimos años, ha llevado a que estas familias realicen actividades que de una u otra manera contribuyen a la formación de hogares disfuncionales, donde la calle es la formadora de los niños que en un futuro pueden incurrir en otro tipo de prácticas perjudiciales para la sociedad.

Pavia, un mundo sin ley

El vertedero de Pavia, ubicado en el municipio Iribarren de Lara, consta de una superficie de 332 hectáreas y recibe alrededor de 1.000 toneladas de basura al día de las 1.200 toneladas que se producen en Barquisimeto diariamente.

En esas tantas toneladas, conviven ciento de “gancheros”, quienes sucumben entre la enfermedad, las moscas, los gusanos y el nauseabundo olor que se desprende de la basura acumulada.

 

 

En este vertedero nadie entra sin autorización, y existe un jefe o cabecilla que es quien permite o no la entrada de personas. Eso sí, cada quien es responsable de su cuidado y no hay garantía de que puedas salir con tus pertenencias completas. También hay unos subjefes, que mandan en cada uno de los patios divididos y también se encargan de supervisar el trabajo de los subalternos.

A diferencia del vertedero de Carora, en Pavia el jefe o cabecilla es quien les compra la ruma de desechos a los “gancheros”, según el rubro que le corresponda a cada uno (plástico, metal, aluminio, hierro, cobre, cartón).

 

 

Los predios de este lugar ocultan un sin fin de sucesos. Este vertedero es el escenario preferido por muchas personas para el ocultamiento de armas de fuego, cadáveres y otros objetos, ante la mirada de los líderes, quienes al ver llegar a una persona, lo primero que preguntan es: ¿qué vienen a botar? ¿Un cuerpo? Así de “normal” es para ellos este tipo de situaciones.

 

 

Por otro lado, el vertedero de Pavia es el espacio donde personas que tienen cuentas con la justicia pueden estar libremente, ya que el territorio es intocable y no hay riesgo de que algún cuerpo de seguridad pueda llegar al mismo.

Repercusión social

El sociólogo Carlos Meléndez asegura que la indigencia o la permanencia de personas en sitios o lugares inusuales como un basurero, es concebida como una fórmula de pobreza absoluta, y desde una perspectiva multidimensional, ese concepto de pobreza tiene que ver con la privación de oportunidades para salir adelante.

 

 

Asevera el sociólogo que este grupo de personas no incurren en estas prácticas por querer, sino por no contar con las oportunidades para la satisfacción de sus necesidades básicas y complejas. Por esta razón, en América Latina este tipo de situaciones son más frecuentes dada las desigualdades que existen en países de la región.

Entre otras cosas, señala que las personas que viven de la basura son víctimas de la exclusión social de sistemas de gobierno que no logran brindarles las oportunidades a la población. Por lo tanto, ven en este tipo de actividades, el camino más seguro para, por lo menos, tener algo para llevarse a la boca.

 

 

Señala el sociólogo que en Venezuela hay dos áreas fundamentales relacionadas con quienes se dedican a este tipo de labores: la primera se deriva de la privación de oportunidades, pero que gracias a las actividades que deciden llevar a cabo, se mantienen en ese débil escalón donde se pueden generar círculos viciosos. La segunda área es la parte psicológica, ya que suelen desencadenarse problemas de autoestima y de identidad severos que pueden llegar a ser completamente perjudiciales.