Exceso de “matraca”: la otra pandemia que enferma la distribución de mercancía en Venezuela

Imagen de archivo del agricultor Adrián Pernía trasladando sacos de papas desde su caballo Pinto a un camión en La Grita, Venezuela. 26 enero 2018. REUTERS/Carlos García Rawlins

 

 

 

 

 

Un calvario. Eso es que lo sufren a diario más de 1.500 ferieros (vendedores de verduras y frutas) que parten desde el estado Táchira hacia diversas regiones de Venezuela, ante las constantes “matracas” a las cuales son sometidos en diferentes alcabalas a lo largo de las carreteras nacionales.

Anggy Polanco // Corresponsalía lapatilla.com

Los conductores dejan entre 150 y 200 kilos de verduras en los puntos de control, a cambio de que les permitan avanzar con las cargas de alimentos, reveló Luis Ramírez, miembro de la Asociación de Hortaliceros de Jáuregui, quien toda su vida se ha dedicado a esta actividad.

Desde municipios como Jáuregui, José María Vargas, Seboruco, de forma semanal, parten decenas de estas personas que surten los mercados de estados como, Carabobo, Yaracuy, Aragua, Bolívar y Distrito Capital, pero que a lo largo del camino deben sortear más de 35 puntos de control entre Guardia Nacional Bolivariana y Policía Nacional Bolivariana.

La actitud que toman los cuerpos de seguridad al momento de hacer las revisiones son calificadas como de “mal gusto”, entre el gremio de ferieros.

Adicional a ello, Ramírez señaló que en los últimos meses, se ha venido efectuando un incremento en los peajes, siendo los del estado Carabobo y Aragua los más costosos. Para un vehículo de cinco ejes, el costo puede ser de hasta cinco dólares, lo que incrementa el precio de los rubros, que termina pagando el consumidor final.

“Esos peajes están anclados al dólar, ¿y si el dólar no ha subido, por qué se aumenta entonces el costo por estos puntos?”, se preguntó.

En cada viaje realizado, un conductor debe disponer de cerca de 100 dólares para poder pagar estas tasas. De allí que Ramírez consideró necesario que el dinero que se recolecta sea invertido en las carreteras, las cuales a su juicio están como el refrán “mírame, pero no me toques”, lo que limita el tránsito de transporte de carga pesada.

“Una de las peores carreteras son las de Trujillo, donde no se le han hecho mantenimiento ni un plan de bacheo, y los conductores deben manejar por un solo canal, porque el resto de la vía está completamente colapsada” acotó.

Mercancía maltratada

Aparte de pagar las extorsiones y los costosos peajes, los ferieros son sometidos a extenuantes revisiones de las verduras y hortalizas, pues los funcionarios de diversos organismos de seguridad hacen requisas a la mercancía para evitar que en la misma sean transportadas sustancias alucinógenas o contrabando.

Sin embargo, el trato hacia los sacos de verduras y hortalizas al momento de hacer la inspección, es ordinario y brusco, lo que ocasiona daños en los productos que transportan.

El transportista de verduras tachirense, Jhonny Escalante, describió que cuando se realiza la carga de los rubros en La Grita u otra zona de la región, se hace con delicadeza, pues cada cesta es colocada en un orden específico, pero al momento de las largas revisiones son desordenadas y deterioradas, ante las acciones bruscas de los efectivos.

“Se suben a los camiones y no les importa si pisotean una cesta de lechuga, tomate o si pisan el monte, cuando todos estos productos son de consumo humano, y se deben manejar adecuadamente”, expresó.

Es por ello que el feriero pide que se cuente con personal calificado para poder efectuar este trabajo, que solo genera retraso, pues una requisa puede tardar entre dos y tres horas, lo que genera una pérdida de tiempo para estas personas quienes realizan largos recorridos en el país.

Escalante señaló que las “matracas” son un problema de vieja data y que representa un golpe al bolsillo de estos comerciantes, quienes deben hacer grandes sacrificios para mover sus mercancías desde la zona andina hasta el centro y oriente de Venezuela.

“No solo hablamos de los puntos de control establecidos a ello se suma las alcabalas móviles y aquellas improvisadas que salen de la nada, en las cuales ellos solo buscan dinero” ,dijo.

Aunque reconoció que los efectivos policiales y militares perciben un bajo salario, no justifica que realicen algún tipo de cobro o “colaboración” para dejarlos continuar, cuando cuentan con las respectivas guías de movilización que les permite trasladar y distribuir los productos en diferentes regiones.

En La Grita, municipio Jáuregui, existen más de 800 ferieros, y que junto a los de los municipios José María Vargas y Seboruco, la cifra supera las 1.500 personas, quienes con sus productos abarcan más del 70% del mercado nacional, según indicaron los ferieros consultados.

Bolsas de pan para pagar

Ender Gómez, otro transportista de alimentos, relató que no ha salido de una alcabala cuando ya tiene “encima la otra” y en todas se debe dejar una colaboración. “Cuando viajo lo que hago es comprar quesadillas, pastas o pan y les doy. Hay choferes que hacen bolsitas con verduras y las van dejando en cada punto de control, mientras que habrá otros que dejarán dinero que pueden ser 10 o 20 mil pesos”, destacó.

Para Gómez el panorama no es alentador, ya que en cada viaje el conductor debe prepararse mentalmente para lo que está por venir, pues desconocen si los funcionarios que se encuentren en el camino serán amables o simplemente le dé por humillarlos.

“En las alcabalas de La Tendida están molestando mucho, allá es una pérdida de tiempo, pues si no se colabora, lo tienen a uno hasta tres horas, haciendo el viaje mucho más largo de lo que es”, añadió.

El miembro de la Asociación de Hortaliceros de Jáuregui lamentó que los policías y militares “alardeen” de sus uniformes para buscar algún beneficio, generando malestar en estos comerciantes que apuestan por el país.

Al momento de pedir la famosa “colaboración” la misma puede ser bolsas con verduras y hortalizas, o dinero.

“Si el feriero lleva algún producto que no está en la guía de movilización, ellos se agarran de allí”, por lo que la colaboración tendrá que ser más grande para dejarlos pasar sin problema.

Años atrás un viaje desde el Táchira a Caracas podía ser 12 horas. Hoy, un vehículo puede partir a las seis de la tarde desde La Grita y llegar a la capital del país a las 2 de la tarde del siguiente día.

Odisea para conseguir combustible

En medio de la pesadilla que viven, los conductores se encomiendan al Santo Cristo de La Grita para que en el camino no les pongan problema con el gasoil, pues muchos se llevan el combustible en bidones para el viaje de ida y retorno.

“Mi vehículo consume 2 mil litros en ida y vuelta, y yo me lo llevo, pues en algunas ocasiones en Anzoátegui o Carabobo se hace complicado poder echar. Entonces para no esperar varios días en alguna estación de servicio en dichas localidades, prefiero llevármelo y hacer el recorrido tranquilamente”, dijo el Luis Ramírez.

Aseguró que en otros estados el litro de gasoil cuesta entre 0,10 y 0,15 centavos de dólar, mientras que en la entidad supera los 0,30, por lo cual deberá invertir alrededor de 200 dólares en el carburante.

El transportar su propio combustible en pimpinas también representa un problema en algunas alcabalas, porque los uniformados dicen que el producto podría fugarse desde el oriente de Venezuela hacia el extranjero.

“Un compañero que retornaba al Táchira desde Coro, en una alcabala de la PNB le quitaron 200 dólares para dejarlo pasar porque lleva 3 bidones de gasoil”, narró Ramírez.

Los fiereros señalan que a la fecha han sostenido, al menos, tres reuniones con el gobernador chavista de Táchira, Freddy Bernal, a quienes les han solicitado mayor seguridad en las vías, gasoil y que no hayan matracas por parte de los cuerpos de seguridad.

Luis Ramirez planteó que sean asignadas al menos tres estaciones de servicio para los ferieros que van desde la zona andina hacia el interior del país. “Yo viajo de noche, y en la noche no hay bombas donde se pueda conseguir gasoil. Es por ello que se necesitan que se nos asignen una para que nosotros podamos surtir sin problema y así no tengamos que cargar pimpinas dentro del camión”, expuso.

Comentó que dichas estaciones deben estar ubicadas una en Caracas, otra en Trujillo y una tercera en La Grita.

Expuestos en las carreteras

El feriero tachirense Carlos Rosales mencionó que viajar desde el Táchira hacia la capital de Venezuela se convirtió en una peregrinación, pues la inseguridad no da tregua a estos conductores.

A lo largo del camino deben hacer ciertas paradas, donde deben esperar otros vehículos y así recorrer la carretera junto a algunos policiales que les prestan custodia hasta cierto punto para que no sean víctimas de atracos.

“En este momento hay un riesgo bastante alto en el trayecto de La Raya entre el estado Carabobo y Yaracuy, donde se han presentado varios sucesos. El más reciente fue cuando una persona que viajaba en un carro particular le dieron la voz de alto. Al no acatar, lo siguieron, le pusieron unos troncos y luego le quemaron la camioneta en la que viajaba, por lo cual nosotros que transportamos muchas mercancías, no podemos darnos el lujo de pasar por esto”, aseveró.

En lo que va de año, ningún feriero tachirense ha sido despojado de su vehículo mientras realizaban viajes diurnos o nocturnos.