Analizan el impacto del calentamiento global en el deshielo de los suelos congelados

El mayor campo de hielo fuera de la Antártida y Groenlandia se encuentra en el parque nacional de Los Glaciares, en la región conocida como Andes Australes, en Argentina, que incluye una enorme porción de la cordillera de los Andes cubierta de nieve al oeste, y la estepa patagónica al este, ocupando casi la mitad de la reserva. En la zona sur se alza su glaciar más renombrado, el Perito Moreno, famoso por su continuo movimiento, con desprendimientos espectaculares de su frente de hielo. Hay dos grandes lagos, el Argentino y el Viedma (en la foto), resultado del deshielo de este ecosistema.

 

La infraestructura de las zonas circumpolares, clave para desarrollar modelos económicos sostenibles, podría sufrir serios daños a mediados de este siglo como consecuencia del deshielo del permafrost, según expone un estudio que publica este martes Nature.

Qué es el permafrost
Se trata de una capa de subsuelo de la corteza terrestre que se encuentra congelada de manera permanente -de ahí su nombre- en algunas de las regiones más frías del mundo. | BBC

 

Esta predicción forma parte de una colección de seis estudios que examina los cambios físicos, biogeoquímicos y del ecosistema relacionados con la alteración del permafrost, la capa de suelo permanentemente congelada y que retiene gases de efecto invernadero.

En concreto, el deshielo del permafrost provocado por el calentamiento antropogénico podría poner en riesgo a entre el 30 y el 50 % “de la infraestructura crítica circumpolar” en el Ártico, advierten en un comunicado los investigadores de la Universidad de Oulu (Finlandia).

El permafrost de las regiones árticas almacena casi 1.700 gigatoneladas de carbono congelado y en proceso de descongelación, y el calentamiento global, recuerdan, podría liberar una cantidad desconocida de ese carbono a la atmósfera.

Este proceso, conocido como retroalimentación del carbono del permafrost, podría tener un gran impacto sobre el clima, advierten los expertos.

Asimismo, el deshielo del permafrost representa una amenaza considerable para la integridad de la infraestructura polar y la de zonas de gran altitud.

Los investigadores de la Universidad de Oulu estiman que, hacia mediados de este siglo, en torno al 69% de la infraestructura residencial, de transporte e industrial de regiones de permafrost se situará en zonas con un “alto potencial de deshielo cercano a la superficie”.

En consecuencia, el coste de la degradación de esa infraestructura podría alcanzar “miles de millones de dólares” durante la segunda mitad del siglo.

En Rusia, por ejemplo, calculan que los costes del mantenimiento de la actual red carreteras afectadas por el deterioro del permafrost entre 2020 y 2050, podría situarse en los 7.000 millones de dólares (unos 6.175 millones de euros).

A este respecto, destacan que existen soluciones técnicas para aliviar el impacto de la crisis climática causada por el hombre en el permafrost, como los “diques de convección de aire”, cuyas capas de piedra porosa contribuyen a optimizar la extracción de calor.

Otro de los trabajos de esta colección ha constatado que los aumentos de la temperatura del permafrost varían espacialmente debido a las interacciones entre el clima, la vegetación, la capa de nieve y el grosor de la capa orgánica.

Así, en zonas de permafrost más templado (con temperaturas cercanas a los cero grados centígrados) las tasas de calentamiento suelen ser inferiores a los 0,3 grados por década, según observaron los investigadores del Servicio Geológico y de Recursos Naturales de Otawa (Canadá) en regiones subárticas.

Por contra, en zonas de permafrost más frío (con temperaturas de menos de dos grados bajo cero, como en la latitudes más altas del Ártico), las tasas de calentamiento rondan el grado centígrado por década.

EFE