La historia de unos futbolistas colombianos en Bolivia con Covid-19 y a su suerte

La historia de unos futbolistas colombianos en Bolivia con Covid-19 y a su suerte

El sacerdote David Cardozo (i) habla con el colombiano Nicolás C.G. este lunes en Cochabamba (Bolivia). Cardozo ayuda a un grupo de jóvenes colombianos varados en Bolivia, después de que enfermaran de coronavirus. Foto: EFE/Jorge Ábrego, COCHABAMBA (BOLIVIA), 18/05/2020.-

 

Lo que inicialmente era un sueño por jugar en un equipo de ascenso en Bolivia se convirtió en una historia de amargura para nueve jóvenes colombianos que quedaron a su merced tras los engaños de los que acusan a su representante y el contagio por COVID-19 de varios de ellos.

El contagio del virus derivó en que posterguen las gestiones para regresar a su país, ya que los infectados están internados en un hospital de la ciudad de Cochabamba y bajo control médico.





Los futbolistas, de entre 18 y 21 años, llevan alrededor de dos meses en Bolivia, tiempo que coincide con la cuarentena que rige en el país a causa de la pandemia.

Su compatriota y representante, Édgar Humberto O., los convenció para viajar a Bolivia y probarse en un equipo del campeonato departamental de Cochabamba, pero que nunca conocieron, aseguró a Efe uno de los futbolistas, que prefirió mantener su identidad en reserva.

“Nos ofrecía un sueldo de 200 dólares mensuales y según nuestro rendimiento iba a aumentar eso”, recordó con frustración este joven de Bogotá.

Las cosas fueron mal desde el inicio cuando su representante comenzó a faltar a su palabra a días de la llegada de sus representados.

El sujeto alquiló un par de apartamentos, de donde los echaron por no pagar el alquiler, hasta dejarlos en uno pequeño donde solo había colchones de paja, mencionó el jugador.

El representante solamente les llevaba arroz y fideos, incluso otros días no les daba nada para comer, mientras todos permanecían encerrados.

“Encontramos que el hombre tenía cárcel en Paraguay, que tenía casos por estafa a muchachos”, dijo el joven colombiano tras buscar sus antecedentes en internet.

Pese a que los muchachos denunciaron a su representante ante la Policía, que incluso lo arrestó, se enteraron de que salió libre porque supuestamente la Fiscalía no encontró elementos en su contra, relató el joven.

El grupo de futbolistas encontró algo de alivio cuando la familia dueña del último sitio en el que vivieron les permitió vivir “gratis” y contactó al sacerdote David Cardozo para que les ayudase.

El futbolista contó que desafortunadamente al poco tiempo el padre de esa la familia se contagió con COVID-19 e identificaron a la esposa y los hijos como portadores del virus.

Tras unos análisis de laboratorio supo que sus otros ocho compañeros también dieron positivo al virus, menos él.

“Fue un momento duro para nosotros, porque lo que uno estaba anhelando era volver a su ciudad, a su país, con su familia y que nos lleguen con esta noticia es terrible”, dijo el muchacho, que no deja de agradecer a Dios el estar sano.

La detección de la enfermedad a la mayoría de esos muchachos hizo que se posterguen las gestiones para regresar a Colombia, hasta que les den el alta, comentó.

“He llamado a toda la gente de la parroquia, a la comunidad, para que nos ayude con víveres, comida, cosas con aseo personal” para los jóvenes, declaró a Efe el religioso, que tras el acercamiento que tuvo con los futbolistas debe estar aislado, aunque con un primer resultado de negativo a la COVID-19.

A raíz de este caso, el sacerdote supo de otros en distintas ciudades de Bolivia, pues “en Santa Cruz son 18 jóvenes de 16 a 21 años y en Tarija uno de 21” que están en las mismas condiciones de los futbolistas colombianos en Cochabamba y que incluso él ha tenido que intervenir para colaborar.

El padre David “nos ha colaborado demasiado con alimentación y todo”, corroboró el joven futbolista, que ha sido acogido en la parroquia del sacerdote.

Consultado sobre los planes que tiene en adelante, aseguró que “este momento le quita todas las esperanzas” de dedicarse al fútbol bajo esas condiciones y que lo primero que tiene en mente es el sufrimiento de su familia a raíz de esto.

“Aquí donde estoy, donde el padre, estoy muy bien, gracias a Dios”, confesó el joven, que espera el alta de sus compañeros para regresar a Bogotá.

EFE