Luis Barragán: Purgar los fantasmas

Luis Barragán @LuisBarraganJ

Por supuesto, hay razones para el malestar social en los países al sur del continente, pero – aceptemos – son mínimas al lado de las que explosivamente anidan en la Venezuela sumergida en la catástrofe humanitaria, censura y represión. No es fruto de la casualidad, por cierto, la actuación decidida y coordinada del Foro de Sao Paulo, recientemente reunido en Caracas, maniobrando arteramente para la continuidad en el poder de Evo Morales o la desestabilización de los gobiernos de Lenin Moreno y Sebastián Piñera.

No hace falta un microscopio para descubrir el formato y las características del tristemente célebre Caracazo, empujado por motivos que hoy lucen ridículos. Ya es toda una convicción, tan deliberadamente empujado, que, después, resultó de una inmensa e inescrupulosa rentabilidad política, afantasmándolo, como puede ocurrir en Ecuador o Chile: suerte de factura prefabricada que quedará al juicio de los psicólogos sociales expertos en el revanchismo edulcorado.

Recordamos el fenómeno al participar en el foro de los ex – rectores Benjamín Scharifker, Freddy Malpica y Pedro Aso, en la Universidad Simón Bolívar, cuya autonomía y libertad de cátedra defienden ante los peligros impuestos por el régimen ágrafo que cuenta con el colaboracionismo interno de sectores harto oportunistas. Hemos propuesto, por ejemplo, que en todas y cada una de las universidades, públicas y autónomas, celebren simultáneamente sus comicios internos apegados a lo que inequívocamente establece la Constitución, la Ley de Universidades y los reglamento, el 23 de enero de 2020. No obstante, también pensamos en otras fechas.

Es necesario purgar los fantasmas que el llamado chavismo sembró en más de veinte años, y muy bien esos comicios pueden celebrarse el 4 o el 27 de febrero del venidero año. Significaría un poderoso antídoto espiritual, una extraordinaria faena para vaciar simbólicamente a ambas fechas del artificio eficazmente inoculado en un siglo que no comienza todavía.

Versamos sobre la significación y proyección continental de una gesta universitaria que, más allá de la legendaria Córdoba de 1918, le conceda un decidido y definitivo sentido de liberación. Claro está, esto significa hablar de una responsabilidad y un compromiso histórico que los hay, a pesar de la miopía de una minoría trepadora que fue al consabido acto del Aula Magna, tomó la autopista y, en Sartenejas, hace y dice lo contrario, como el ex – diputado de la Asamblea Nacional que lo reciben con aplausos en un hemiciclo y, después, cruzando el pasillo, en el otro, no le tiembla el pulso para allanar la inmunidad de sus supuestos colegas.