“Chile, una sociedad desquiciada” por Antonio Sánchez García @sangarccs

Algo profundamente grave estará pasando en Chile como para que una parlamentaria perteneciente al Partido Comunista de Chile, reconocido desde siempre por su seriedad y alto sentido de la responsabilidad política, al extremo de haber rechazado el guevarismo, la lucha armada y la guerra de guerrillas, vale decir: de haberse distanciado del gobierno castrista y haber apostado toda su vida a la coexistencia pacífica propugnada por la Unión Soviética, de la que siempre fue el mejor, más leal y fiel partido aliado de Occidente, seguramente arrastrado por la radicalización impuesta por Castro, Maduro y Vladimir Putin en este nuevo ciclo histórico de enfrentamiento Oriente Occidente, plantee la desquiciada propuesta que propugna. Imponer en Chile un régimen castrochavista, hoy en manos del tirano Nicolás Maduro. Y copiar sus sistema de gobierno, si detrás del gobierno de Maduro hay algo más que la voluntad por devastar la sociedad venezolana y arrastrarla a los abismos de una crisis humanitaria de desconocidas dimensiones. ¿Arruinar y socavar las bases de la economía más próspera del hemisferio, desencajar una tradición institucional de doscientos años de existencia, hundir sus fuerzas armadas en la delincuencia narcotraficante y esclavizar a la población chilena hasta empujarla a la huida en estampida?

La tésis sustentada por el expresidente socialista Ricardo Lagos y asumida por inxplicables razones por el influyente novelista peruano Mario Vargas Llosa, acaba de ser rebatida con argumentos incontrovertibles por el analista cubano ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES, cuando afirma que “Las violentas protestas que han estremecido a Chile no son espontáneas expresiones de descontento popular por las desigualdades sociales causadas por el modelo “neoliberal” que, por cierto, los gobiernos izquierdistas anteriores a Sebastián Piñera mantuvieron intacto.” ¿Cómo y por qué ha esperado la izquierda chilena todos estos años para expresar el descontento hacia políticas que tienen más de veinte años de existencia y aprobación universal por miristas, comunistas, socialistas y democrata cristianos, sin contar los 17 de dictadura pinochetista? Esas políticas, que permiten que diputados y senadores chilenos disfruten de los más altos sueldos de que disfrutan los parlamentarios de la región, que el sueldo mínimo de que disfruta un importante sector de la clase trabajadora chilena sea uno de los más altos de América Latina, que el PIV chileno sea uno de los más altos del mundo y que el desarrollo sea admirable, sorprendente y visible a cualquier turista que baje desde las penumbras del Caribe venecubano, jamás fue cuestionado en los veinte años de Concertación. ¿No es razón suficiente para deducir que detrás de la crisis desatada en Chile por quienes compartieron durante sus gobiernos las exitosas políticas económicas y sociales que comenzaran a implementarse durante la dictadura del general Augusto Pinochet son mucho más de estricta naturaleza política que de naturaleza económica? ¿O es que el costo de la vida fue esencialmente distinto durante los gobiernos de la Concertación? ¿O es que las políticas educativas fueron otras, mnos costosas y más democráticas, durante el gobierno de Lagos y su ministro de educación Sergio Bitar?

Tengo muy serias dudas de que el tuit de la diputada Vallejo no sea una falsificación de su verddero pensamiento: “Gracias al comandante Maduro y a sus agentes que nos apoyaron para realizar la Revolución de Octubre en Chile, pronto renunciará Piñera y reemplazaremos las tarjetas de crédito por tarjetas de racionamiento y habrá leche, salud y educación gratis para todos.” Pero las verdades que enuncia en su tuit, sea o no sea verdadero, son inobjetables: Maduro – el usurpador – fue el encargado de coordinar, empujar y dinamizar por encargo del régimen cubano lo que la diputada llama “revolución de octubre”. En Venezuela hay tarjeta de racionamiento. Pero ni la leche, cuando la hay, es gratis, ni la salud salud pública, que no existe o se encuentra en un estado calamitoso al extremo que los hospitales públicos causan espanto, los medicamentos no los hay y cuando los hay están por las nubes. Y la educación está en estado tan calamitoso como la salud.

Sólo el fanatismo más ciego, la ambición política más desaforada y la mendacidad más desvergonzada pueden llegar al extremo de preferir la vida cotidiana de hambre y miseria de los venezolanos que la vida cotidiana de los chilenos. O preferir el socialismo del Siglo XXI, impuesto a sangre, fuego y fraudes en Venezuela, por el liberalismo decidido democrática y electoralmente por los chilenos. Pero podría llegar a suceder por el imperio de la locura, sin la cual, según la historiadora norteamericana Barbara Tuchman, no encuentran explicación las incontables estupideces cometidas por los hombres – desde los troyanos metiendo el caballo de madera cargado de enemigos griegos armados dentro de las murallas de la asediada ciudad de Troya, hasta las destrucción por la barbarie de los bienes públicos, incendiados, saqueados y devastados por los asaltantes del socialismo chileno.