Brian Fincheltub: El sindicato de dictadores de la ONU

Sin duda que esta semana la diplomacia mundial vivió un nuevo episodio de deshonra. Pero no solo la diplomacia, sino también la causa global de los Derechos Humanos. Que el régimen de Maduro haya obtenido una silla en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es tan contradictorio como si el Departamento de Justicia de los Estados Unidos decidiera nombrar director de la DEA al “Chapo” Guzmán. Si no estuvieran en medio miles de víctimas, esto sería un muy mal chiste, pero no es el caso, por eso esta decisión ha causado indignación generalizada tanto en Venezuela como a nivel internacional.

Sin embargo, aunque la decisión indigna, no es sorpresa para nadie. Nicolás Maduro no es el primer sátrapa en ganar una silla en dicho consejo, antes de él ya otros sanguinarios lo habían logrado. Quizás el número de muertes, presos políticos y ciudadanos torturados sea lo que tomen en cuenta los Estados al momento de votar. Decimos “Estados” porque eso es básicamente lo que es la ONU, una organización de Estados, donde son los gobiernos de turno los que votan y no sus pueblos. Pero además de eso, es necesario saber que, entre los 193 miembros de las Naciones Unidas, las democracias son una minoría. Si esa mayoría antidemocrática debe entonces elegir a los integrantes de un órgano encargado de impulsar investigaciones contra violadores de los DDHH, lo más lógico es que elijan a uno de los suyos y la Venezuela de Maduro lo es, como también lo son Libia, Mauritania, Sudán y Cuba, que también son miembros del sindicato de matones y asesinos en la ONU. Perdonen, del Consejo de los DDHH. 

Aunque la burocracia de las Naciones Unidas pueda tener las mejores intenciones, los mecanismos internos de esta organización siguen permitiendo que este tipo de situaciones contradictorias se produzcan. De allí que los Estados Unidos haya tomado recientemente la decisión de abandonar su silla en el Consejo de DDHH, su justificación más que contundente: no es posible compartir espacio con Cuba en un foro que pretende defender los DDHH. Lo peor que le pudiera pasar a la ONU es que aunado a su ya grave crisis financiera producto de la morosidad de un gran número de naciones, entre ellas Venezuela, su proceso de deslegitimación se siga profundizando. Que la gente deje de creer que las instituciones multilaterales funcionan tendría un impacto en los países democráticos, donde la opinión de la mayoría si cuenta. Los ciudadanos comenzarían a cuestionar que sus gobiernos financien una organización contraria a los intereses de la democracia y la estabilidad mundial y eso sería aun más grave para las ya menguadas cuentas de la ONU. 

Si la ONU invirtiera toda la energía que ha invertido en los últimos años contra el gobierno de Israel en condenar regímenes totalitarios como el venezolano, otra sería la historia. Pero es el mundo que tenemos y con el tenemos que aprender a convivir. Esperando que las cosas cambien solo nos queda denunciar, algún día nuestro pueblo se hará escuchar y con fuerza.


Brian Fincheltub

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