Ángela Oraa: Los Rollings Stones con Dios y con el Diablo

Ángela Oraa: Los Rollings Stones con Dios y con el Diablo

Keith Richards, Mick Jagger y Ronnie Wood de los Rolling Stones en el concierto en Ciudad Deportiva de la Habana / REUTERS/Alexandre Meneghini
Keith Richards, Mick Jagger, Ronnie Wood y Charlie Watts de los Rolling Stones en el concierto en Ciudad Deportiva de la Habana / REUTERS/Alexandre Meneghini

 

He seguido con detalle el conciertazo de los Rollings Stones en La Habana post la apoteósica visita de Barak Obama. Ayer te metían preso sí escuchabas la música de esos “demonios” y hoy hasta Fidel se menea en su silla de ruedas escuchando “simpatía por el diablo”. Hubo un músico cubano que dijo: estamos muy viejos para escuchar esta banda y demasiado jóvenes para morir.

Necesito que alguien me explique tanto aplauso. Cuando cayó el Muro de Berlín la celebración masiva frente a los maravillados ojos del mundo, ocurrió en paralelo al hecho palpable y contundente del muro volviéndose añicos.





Vimos en vivo y en directo por TV, frenéticos mandarriazos de gente pulverizando ladrillos, testigos silentes del oprobio nazi.

Yo que soy especialista en fiestas, rumbas, guateques, picoteos y afines, cuando se organiza una celebración es porque hay un motivo.

La cacareada “apertura” es un deseo, una vaina aspiracional, una coquetería que como la define Milan Kundera: “es una promesa de coito no garantizada”.

Deseos no preñan. Entre otras menudencias, en Cuba se pasa hambre, Guantánamo sigue en pie, las cárceles están repletas de presos políticos.

Lo que egoístamente más me duele de ese fiestón al que asistieron 500.000 personas gratis, es no haber conseguido pasaje para hacerme un selfie con Richard Gere y Naomi Campbell.

De pana, el mundo está al revés. Que siga la fiesta…

P.S: al momento de escribir esta reflexión me entero por las noticias que el gobierno venezolano corrió con los gastos de la logística.