¿Padeces del “trastorno por déficit de naturaleza”?

Foto: Bosque / Reuters
Foto: El túnel Tenouzan en carretera Meishin en Japón / Reuters

 

La revolución industrial despertó los primeros temores. Muchos pensadores escribieron sobre la distancia que esta nueva forma de entender el mundo provocaría entre los individuos y la naturaleza.Henry David Thoreau o William Morris, entre muchos otros, hablaron de mundos dominados por el mercado y la fealdad. Otros advirtieron de un mundo donde la naturaleza dejaría de ser un hogar para convertirse en un pozo al que expoliar.

Eso fue en la revolución industrial. En la era digital se habla también del llamado ‘trastorno por déficit de naturaleza’ (TDN). Es «una patología que suele aparecer cuando una persona está en desconexión permanente con la naturaleza y que provoca un aumento de estrés y ansiedad», explica el catedrático en psicología ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza. «El sistema nervioso no está preparado para este alejamiento de la naturaleza y para vivir únicamente en espacios artificiales. La naturaleza proporciona equilibrio y tranquilidad a las personas. En la ciudad ocurre lo contrario. Por eso se satura y siente más violencia en las zonas urbanas».

El periodista Richard Louv inventó el término en 2005. En su libro El último niño de los bosques relataba que en los parques infantiles de EE UU ya no se subían a los árboles ni se rebozaban en el barro. El escritor, como buen norteamericano, acababa de conceptualizar esta nueva costumbre y le dio el nombre que necesitaba para que se expandiera como la pólvora entre la opinión pública.

El TDN supuso una alerta. Muchos padres y educadores de EE UU y Europa empezaron a crear escuelas y actividades para que los niños retomaran el contacto con la naturaleza. Esta patología se relaciona desde entonces con la «obesidad, enfermedades respiratorias, hiperactividad y falta de vitamina D», según Corraliza. Louv lo había dicho en su libro en 2005, y aquí, hoy, el asunto parece ser idéntico.

El catedrático en psicología ambiental y la investigadora Silvia Collado llevan años estudiando cómo afecta el déficit de naturaleza en la población infantil en España. Han visitado centenares de patios de colegios. ‘Patios duros’, donde todo es cemento, y ‘patios blandos’, donde hay algo de vegetación. «Los niños que están permanentemente rodeados de tecnología y que viven en ciudades sin vegetación pueden sentirse mucho más estresados», comenta. «El nivel de ansiedad es menor cuando tienen naturaleza a su alrededor. El contacto con la naturaleza hace que manejemos el estrés mucho mejor y ayuda a prevenir problemas de salud. También hemos comprobado que los niños que viven en la naturaleza desarrollan más su capacidad pulmonar».

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